… no creo en Dios ni en el Diablo, creo en la bondad y maldad humana, pero…

¿Puede esa maldad impregnar un lugar y revelarse a aquellos que inocentemente

se acercan desconocedores del mal que allí habita desde hace siglos …?

 

Cien escasos kilómetros separan este lugar de la ciudad de Zaragoza, su nombre no os lo diré, pero si diré como lo llaman, el Espinazo del Diablo.

Se trata de una magnifica fortaleza que en lo alto de un escarpado monte, lleva siglos en pie. Altivo y misterioso como todo lugar con tanta historia tiene una leyenda, una leyenda de muertes, rituales y tragedias, una leyenda negra que aquellos que la relatan sienten como un escalofrío recorre su cuerpo, cuando miran de reojo hacia esa silueta.

 

Llegamos al pueblo, eran ya las 01:00 de la madrugada pero pese a ello, cuando bajamos del coche, tres lugareños cargados de amabilidad y curiosidad se acercaron a nosotros.

¿A dónde vais tan cargados y a estas horas, majos?

David girando el foco alumbro a lo alto de la montaña, allí respondimos. ¿Al espinazo del Diablo? ¿Vosotros no sois de por aquí verdad? Ese sitio no es bueno, cuentan cosas, pasan cosas, es un lugar peligroso aun de día …

Ya lo sabíamos, por eso estábamos allí y teníamos que subir.

 

Cargados con las mochilas de los equipos a la espalda la terrible subida se hizo infernal, avanzar por ese sendero al borde del precipicio era complicado, pero tras media hora y tres paradas para recuperar el aliento, alcanzamos la cima y pudimos observar el colosal castillo, allí en la oscuridad, alumbrado por nuestras linternas se mostraba con todo su esplendor. La entrada se hacia a través de un pórtico amurallado, flanqueado a su izquierda por la muralla y a la derecha una impresionante masa de rocas.

 

La noche era perfecta, estrellada y calida.A las 1:45 comenzamos a recorrer el exterior y estancias del patio, fieles al protocolo avanzamos con cuidado en busca de aquello que nos había llevado allí.

Adentrarse en las entrañas de este lugar nos hacia sentir ese cosquilleo en el estomago fruto de los nervios y la excitación, tocar las piedras que tantos siglos llevaban en pie era suficiente recompensa, pero buscábamos algo mas, buscamos el porque de tanto miedo, de tanto sufrimiento.

 

Tres investigadores formábamos esta avanzadilla, Charo Lozano, David Ruiz y este que escribe, Joseba Orraca, tres investigadores envueltos en la oscuridad preparando el camino al resto de los equipos de investigación de campo.

Distribuimos los equipos, fotografiamos, grabamos, el cuaderno de campo echaba humo bajo las notas, el sitio de momento no nos había deparado ninguna sorpresa desagradable, así que tras un café caliente era el momento de entrar en el edificio en busca del misterio que a tantos aterroriza …

 

 David se dirigió a la puerta, detrás avanzábamos Charo y yo, aferro el pomo y se giro con cara de expectación. Había llegado el momento tan esperado… pero amigos, amigas tendréis que esperar, tan solo esperamos haber captado vuestro interés, descubriréis mucho más muy pronto en:

 

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