
Por Charo Lozano y
Joseba Orraca
El término municipal de
No era nuestra primera vista a esta
población, ya que en anteriores ocasiones habíamos realizado investigaciones de
campo en el antiguo y abandonado Convento de Nª Señora de Gracia, un lugar del
que hablaremos en otra ocasión mas profundamente.
Este pasado
Sábado 2 de Febrero del 2.008, salíamos de Zaragoza en dirección a
Habíamos concertado una entrevista días
antes, basándonos en una información obtenida del Heraldo del Aragón,
concretamente de la sección Aragón en Bici escrito por Ángel García.
En este articulo se hacia mención a la
leyenda de “
Teníamos la confirmación verbal de Cristina
de ambos datos, existía la leyenda y existía la calle, así que entendimos que
eran motivos suficientes al menos para viajar hasta allí y obtener en primera
persona ese material, cuando menos curioso.
Ya estábamos en
la pequeña oficina localizando sobre el plano la ubicación de la calle,
Cristina amablemente se ofreció a acompañarnos algo que aceptamos con mucho
gusto ya que gracias a ello podríamos consultar esas dudas que a pie de escenario
surgen, eso y otras cosas que mas adelante podréis comprobar, ya que fue una
tarde llena de sorpresas.

En el Siglo XVIII, una mujer que vivía en esa calle sufría las continuas infidelidades de
su marido que día a día la engañaba sin ocultárselo siquiera, esto hizo que la
mujer muriese de pena y se supone que tras su fallecimiento se podía ver su
alma en pena vagando por la calle …
Otra de las versiones mas aceptadas es la que
el perfil de esta mujer aparece en dos de las ventanas de la calle, algo
curioso es que en pleno siglo XVIII sin que existiese luz eléctrica en la
población, la aparición venia acompañada de una gran fuente luminosa que hacia
que desde la parte trasera emitiese una gran luminosidad.
Si rebuscamos un poco mas, encontraremos dos
versiones mas, la primera viene a decir que eran las mujeres que habitaban en
la calle las que con sabanas y velas se disfrazaban para asustar a sus esposos
empeñados en ir de juerga noche tras noche, la otra es que algunos han sido
observados por una mujer, que desaparecería ante sus ojos sin explicación.
Curiosa leyenda,
la verdad es que la calle invita a esto y mas, una estrecha calle medieval, sin
apenas iluminación y la fantasma … no es muy conocida entre los turistas nos
confesaba Cristina, pero una vez se conoce, siempre vuelven y la visitan.
Parecía que la entrevista había llegado a su
fin, pero nos equivocábamos, tras preguntar a Cristina si había algo mas
curioso, solo nos dijo esta lo de los
Akelarres y lo del caracol …
Al parecer este pequeño pueblo del Matarraña,
nos deparaba mas sorpresas, mire a Joseba que con un gesto de cabeza me indico
su curiosidad, mientras agradecía en voz alta haber llevado la cámara mas
pequeña y ligera del equipo hasta este punto. Yo me volví hacia Cristina, ¿Qué
es eso de los Akelarres y del caracol?
Amablemente nos invito a seguirla por las
empinadas calles del pueblo, hasta salir del mismo y divisar un cerro, detrás
Joseba nos seguía resoplando mientras arrastraba el equipo y nos iba filmando,
con una sonrisa y una mirada cómplice con Cristina, empezamos el ascenso…
Ermita de Santa
Bárbara, barroca, corona el alto del cerro, destruida por las guerras Carlistas
y Civil, solo nos recibe las ruinas de lo que antaño fue.
En su interior, las noches de San Juan, se
han observado fuegos y rituales, Akelarres como nos decía Cristina.
En su interior apenas nada que nos diga que
estos rituales se hacen allí, algunas pintadas y la desolación propia de un
edificio destruido.
Desde su exterior y mirando hacia el otro
cerro, podemos ver el antiguo castillo de la orden de Calatrava, también
destruido por la guerras.
Mas bajo y silencioso el viejo cementerio.
Ante este paisaje, tomamos nota, observamos
con detalle y escuchamos el relato, en nuestro pensamiento, volver, volver con
el equipo, con nuestros compañeros, en busca de aquello que se esconde entre
las piedras y da origen a la leyenda.
Anochecía en lo
alto del cerro, abajo las luces del pueblo empezaban a encenderse, pero aun
quedaba otro misterio por descubrir, “el caracol”.
Nos decía Cristina El caracol apareció un día hace 30 años, nadie sabe como ni porque,
nadie sabe quien lo hizo, solo que apareció allí, son una serie de piedras
puestas en hilera, haciendo la figura de un caracol, una espiral que funcionan
como un laberinto…
Cuando llegamos a su altura y pudimos verlo,
Joseba y yo cruzamos las miradas, ¿Un caracol? Esa forma ya la habíamos visto
antes y su significado por aquel entonces era otro, el laberinto, la búsqueda
del conocimiento y ahora lo teníamos delante de nosotros en medio de la nada,
era curioso, pero mas curioso fue lo que nos dijo Cristina segundos después, ¿Sabéis? Cuando se han quitado las piedras,
al día siguiente vuelven a estar puestas en su sitio, como si alguien o algo,
quisiera que esto perdurase para siempre …
Había llegado el momento de volver hacia el
coche, un café en el bar del pueblo nos sirvió para entrar en calor y
despedirnos de Cristina, teníamos mas información de la que esperábamos
encontrar, eran las 19:30 y sabíamos a donde ir en busca de textos que nos
ayudasen a entender lo que allí habíamos descubierto, pero a lo que aun no le
encontrábamos sentido.
Así pues nos metimos en el coche y nos
dirigimos hasta la población de Valderrobres, concretamente a la librería
Serret, donde Octavio nos recibió amablemente indicándonos aquellos libros que
quizás podrían arrojar algo de luz, una agradable charla, un compromiso y un
estrechon de manos y nos marchamos cargados de libros y con una sonrisa de
felicidad en la cara, sabíamos que había empezado un viaje, un viaje a lo
misterioso del Matarraña, a sus gentes y sus leyendas, habíamos dado el primer
paso y ahora no dejaríamos de andar.
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